Snapchat: Qué y porqué

Artículo publicado en el número 630 de la revista Cntrl.


Pones un informativo en la tele. Conectan con un corresponsal desde un balcón en Helsinki. Está allí investigándolo todo de primera mano, luchando contra el frío. Mientras ese señor estaba todavía poniéndose la ropa sobre el pijama, ya había millones de tweets discutiendo la noticia que se dispone a contar. Así que la conoces perfectamente antes de que abra la boca.

Entonces, ¿tiene algún valor el directo? ¿Qué diferencia hay en que te lo cuente alguien desde el lugar de los hechos? ¿Una estalactita en la nariz? De alguna manera, es un formato que nos invita a confiar. Es más natural, más parecido a lo que viviríamos si nos encontrásemos a un amigo y nos explicase lo que ha pasado. Es sinónimo de actualidad, por supuesto, pero también destila valores de cercanía, confianza y sencillez. Por eso sigue vigente.

Aunque Internet es una fuente inagotable de información en tiempo real, los servicios más utilizados hasta hoy carecen de ese tipo de conexión “humanizada”, por decirlo de alguna manera. Todo tiene un aspecto más producido y menos improvisado. El contenido compartido supera por miles de millones al original y la personalidad de cada individuo queda representada por algunas opiniones encendidas, GIFS divertidos y en el mejor de los casos, las cuatro fotos en las que no le importa ser etiquetado.

Para motivar una mayor involucración de los usuarios, han surgido algunas herramientas de streaming de video desde el móvil que invitan a compartir momentos de tu vida de manera abierta, casi sin pensar. Meerkat, Periscope o la española Upclose, por ejemplo. Aunque son muy interesantes, no llegan con intención de reemplazar nuestra forma de comunicarnos, si no para añadir opciones a lo que ya existe.

La apuesta verdaderamente diferente, que reúne muchos de los valores del “tú a tú”, y que tiene vocación de convertirse en la plataforma que centralice nuestra comunicación, es Snapchat. Lo más interesante que ha pasado en internet en años.

Snapchat se basa en romper tres barreras universales del uso joven de las redes sociales. Primero, el exceso de información: Fomenta la comunicación visual y es fácil de codificar. Segundo, la sobreexposición: Cada mensaje dura 10 segundos como máximo, si lo publicas para todos tus amigos se mantiene 24 horas disponible y luego desaparece. Y por último, el control: Transmite sensación de seguridad.

Su manejo es completamente diferente a todo, con lo que no hay muchas personas de más de 30 años que tengan tiempo para entender como funciona, y eso garantiza que sea un espacio libre de padres, al menos de momento.

La realidad es que una vez entendida la filosofía propia de la app, es tremendamente usable y una bocanada de aire fresco ante la constricción de las demás, con estructuras clónicas regidas por los mismos códigos visuales y funcionales, que penalizan siempre el contenido más antiguo hasta hacerlo prácticamente invisible.

La naturalidad de su uso ha convertido a la app en un éxito apabullante, especialmente en Estados Unidos, donde el 56% de las chicas de entre 15 y 17 años la usan mientras pasan de Facebook tres pueblos.

Mientras nosotros estamos pegando mensajes e imágenes graciosas en grupos de whatsapp, algo mucho más auténtico y personal está pasando delante de nuestras narices. Deberíamos tener los ojos bien abiertos, porque puede que la mejor oportunidad de construir confianza real con nuestras marcas sea una plataforma emergente a la que una vez prestamos atención pero la desinstalamos porque “nos había pillado demasiado viejos”.